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Indulto


Eusebio de Gorbea se mira en el espejo al conocer que ha recibido el indulto de la España Fascista
Eusebio de Gorbea se mira en el espejo al conocer que ha recibido el indulto de la España Fascista

Indultado. Eusebio recibió la noticia como un golpe. Podría haberse felicitado al comprender que podía volver a España, pero se negó a sentir alegría alguna. Notó una bilis enfermiza correrle por las entrañas. Él no quería ningún indulto. ¿Qué perdón podía recibir un comandante republicano de los fascistas? ¿Cómo había imaginado siquiera que podría vivir con tal afrenta entre sus pecados?

Se miró en el espejo. ¿Quién era ese hombre avejentado y ojeroso que le miraba con esa cara de penuria? Habían perdido. Sus camaradas, sus amigos, su propio hogar… ¿cuántos habían muerto para que él pudiese vivir así? Estaba solo. Gimió y le dio la espalda a su reflejo. Las cartas de su hijo se amontonaban en la mesa de aquel salón inhóspito donde había intentado hacerse viejo. Indultado. ¿Por quiénes y por qué? ¿Con qué derecho le perdonaban crímenes que nunca había cometido?

Deambuló por el pasillo, tambaleándose. Notó el mareo y la visión borrosa adueñándose de su ser. Se sentó en la cama y miró el retrato de Encarna. Volver a España. Habría sido un sueño y a la vez un calvario. Se odió por haberlo intentado. Tragándose las náuseas, se tumbó y recordó aquel hogar que creyó formar en su juventud, cuando todo parecía perfecto. De repente tenía mucho sueño. Pensó en Bolín antes de dejarse llevar por completo. Supo que aquel era su verdadero indulto.


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