Imagen de cabecera blog de Javier Fernández Jiménez

Carretera hacia el Yermo


Un hombre conduce por una carretera vacía justo antes del amanecer

Le encantaba conducir antes del amanecer. Disfrutaba de la sensación de estar solo en la carretera y de imaginar que, poco a poco, todo volvería a su movimiento habitual. Desde la cabina del camión miraba a su alrededor y trataba de adivinar con qué vehículos se cruzaría aquel día, qué vidas pasarían a su lado, qué cambiaría en el mundo que recorría a diario.

¿Encontraría mucha chatarra con la que llenar la caja? Seguramente sí. Cada día resultaba más complicado dar con ella, aunque siempre aparecían nuevos hierros y metales que llevar de vuelta a casa. Y si no los encontraba, al menos habría salido a ver un poco de mundo. Habría vivido una jornada más. Aunque parecía imposible, a su edad seguía allí para contarlo.

Escuchó una explosión no demasiado lejana y sonrió: parecía que estaba de suerte esa mañana. El sol ya despuntaba por el este y su luz se reflejaba en la carretera que llegaba hasta la línea del horizonte. El desierto a su alrededor parecía agitado, aunque sabía que la mayor parte de aquel movimiento sería fruto de su imaginación. Hizo sonar la bocina del camión, levantando ecos que nadie más escucharía. El fin del mundo era lo mejor que le había pasado jamás. Aceleró, riendo ahora a carcajadas. Le encantaba conducir y saber que estaba solo en la carretera.

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