
El Viajero llegó al final del camino. No había esperado alcanzarlo. En realidad, tampoco se lo había propuesto. Solo había seguido caminando, casi sin darse cuenta de que lo hacía. Ante él se extendía la inmensidad de todo lo vivido, de todos los encuentros, de todos los pequeños caminos que se habían ido sumando bajo sus pasos. ¿Y si eso no era el final, sino un nuevo principio? Sonrió, feliz de haber encontrado esa nueva idea de la que extraer nuevos viajes.
Se permitió unos minutos de descanso. Miró a todas partes e imaginó a otros viajeros recorriendo sus propios caminos hasta rincones que él nunca exploraría. La infinitud amplió su sonrisa. Era imposible verlo todo. Lo había descubierto hacía muchísimos años. Y, aun así, él seguiría intentándolo. Seguiría caminando hasta el final de los tiempos si fuera necesario. Inspiró hasta llenar los pulmones y gritó de pura alegría.
Después echó una última mirada a los confines del universo, que se extendían bajo sus pies, e imaginó las nuevas aventuras que estaban por llegar, las nuevas conversaciones que mantendría, los reencuentros con personas y lugares. Y, dándose la vuelta, volvió a emprender su viaje, ese que nunca terminaría del todo.


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