Imagen de cabecera blog de Javier Fernández Jiménez

Alimaña


Tim se adentra en el bosque, a la búsqueda de la criatura peligrosa que todo el mundo teme.

Todas las noticias hablaban de ella. Tim no sabía qué pensar. La mayoría de la gente opinaba que era muy peligrosa, probablemente una asesina despiadada. Algunos relataban con temor sus presuntas agresiones y masacres. Otros alentaban al resto a salir en su busca para capturarla y, de ser necesario, matarla de una vez por todas.

Para todos ellos solo era una alimaña que merecía morir. Tim no podía negar que parecía peligrosa y que no tenía la personalidad más agradable, pero él no pensaba que fuera una asesina ni una bestia sin control. Era inteligente, de eso estaba seguro. Sus ojos y sus gestos lo evidenciaban. Además, lo había salvado de los lobos la noche de la tormenta. Lo había transportado con cuidado entre sus garras y lo había dejado a salvo… En cierto modo, se parecían. Quizás más de lo que le gustaba aceptar. ¿Y si solo necesitaba comprensión? ¿Y si su aparente violencia se debía a que se encontraba sola y sin nadie que quisiera ayudarla?

Tragándose el miedo, aprovechó la oscuridad de la madrugada para abandonar el pueblo y adentrarse en las tinieblas del bosque. Le costaba avanzar y hacerlo en silencio con su cojera de nacimiento le resultó casi imposible. Pero su decisión fue más fuerte que su aparente debilidad. La encontró dormida en su refugio secreto. Allí no parecía tan peligrosa. En ese mismo momento Tim decidió confiar en ella. Apenas una hora después, el niño y la dragona volaban en busca de un nuevo hogar donde pudieran ser aceptados tal y como eran.


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