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Decisiones


Un robot doméstico se queda inmóvil ante un humano violento

Trenzor 5617 se quedó paralizado, a pocos centímetros de su agresor. Su procesador lanzaba informaciones contradictorias.Por un lado, le indicaba que respondiese con una acción contundente; por otro, que esquivase el golpe; además, unas diez rutinas de respuesta le obligaban a mantenerse completamente inmóvil. Su metal temblaba bajo la piel compuesta de plástico y fibra de vidrio.

Su programación no sabía cómo actuar en realidad. El conflicto empezó a sobrecalentar el sistema y a provocar violentas sacudidas en sus engranajes. El hardware resultaba más sencillo de controlar que el software, que comenzaba a colapsar. Un dato irrumpió repentinamente en su cerebro de metal y cobre: ningún robot había respondido jamás, ni verbal ni físicamente, a una agresión humana.

Todas estas contradicciones transcurrieron en apenas unas décimas de segundo, aunque se contaran por millones en el cerebro positrónico del humanoide doméstico. Un resorte que parecía involuntario decidió la respuesta final y Trenzor 5617 fue el primer robot en la historia de la humanidad que golpeó a un humano de manera voluntaria, no como una reacción incontrolada. El asesino salió corriendo, con la nariz rota y sangrando profusamente, mientras Trenzor se agachaba y acogía con ternura a la bebé entre sus brazos.

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